Mi obra nace de una curiosidad constante por aquello que existe detrás de lo visible. Me atraen las coincidencias, los encuentros inesperados, los déjà vu, los sueños, los objetos que guardan historias y esas pequeñas decisiones que, aunque parecen insignificantes, pueden cambiar el rumbo de la vida. Me gusta imaginar que la realidad tiene otras capas que no siempre alcanzamos a percibir.
Por eso construyo escenas cotidianas e introduzco en ellas algo que no termina de encajar: un animal en un lugar improbable, un personaje que parece seguir una pista o una luz que sugiere que algo está ocurriendo fuera del campo visible. Me interesa que cada pintura contenga una pequeña anomalía inesperada que despierte la curiosidad y haga pensar que existe una historia que no estamos viendo.
Mi trabajo comenzó durante la pandemia, cuando los límites entre el espacio interior y el exterior cambiaron radicalmente. Comencé entonces a crear espacios imaginarios donde la naturaleza, los animales y la vida diaria podían convivir de maneras insospechadas. Mi formación en arquitectura, diseño y danza clásica influye en la construcción de estas escenas, que concibo como pequeñas escenografías. Trabajo principalmente con pintura acrílica para crear atmósferas familiares pero ligeramente fuera de lugar.
El agua y los tonos azules aparecen con frecuencia, también como resultado de mi relación con el mar en mi país. Para mí, el agua representa profundidad, movimiento y vida. La luz tiene además una función narradora: en una serie sobre la migración forzada de Siria a Suecia la utilicé para hablar de desplazamiento, memoria y resiliencia, acercándome a experiencias de otras personas que no necesariamente están al alcance de todos.
El humor, la ternura y la travesura son parte fundamental de mi lenguaje. Me permiten abordar temas como la incertidumbre, los recuerdos de seres queridos, los anhelos y el futuro sin convertirlos en algo solemne. Algunos personajes, como el pez detective que aparece en distintas escenas, funcionan como exploradores: viajan, observan, buscan pistas y se encuentran con situaciones que no siempre pueden explicar.
Pretendo que el espectador se acerque a mis pinturas desde la sorpresa y la curiosidad. Deseo provocar primero calidez, delicadeza o extrañeza y después dejar una pregunta: ¿qué sucedió aquí?, ¿qué está por ocurrir?, ¿qué sabe ese personaje que yo no sé? No busco ofrecer una interpretación única, sino dejar espacio para que cada persona complete la historia desde su propia imaginación. Aspiro a que, después de mirar las imágenes, permanezca una sensación sencilla pero inquietante: que incluso en lo cotidiano hay algo que no vemos, una pista que podemos pasar por alto o una posibilidad que todavía está esperando ser descubierta.